Edición: 190. Del 17 al 23 de septiembre de 2009.



¿Gustos con sentimiento de culpa?
TODO ESTÁ EN SU MENTE

Si bien muchos creemos que necesitamos una buena razón para disfrutar de un lujo especial o para derrochar en algo caro, es posible que no exista el tal "placer con sentimiento de culpa", según investigadores

Especial GM
La investigación sugiere que es poco probable que los consumidores se den lujos cuando no ven razones buenas que justifiquen el gasto, “nuestras conclusiones indican que el que los consumidores disfruten realmente de los gustos que se dan es independiente de la justificación, al contrario de lo que creen los consumidores", dijo Norbert Schwarz, profesor de comercialización. En un artículo se muestran las conclusiones de una serie de estudios que examinan si realmente necesitamos o no una razón para darnos gustos.

No lo pienses mucho
Sácate las ganas, vive la vida, derrocha, y no lo pienses mucho o podrías empezar a sentirte culpable. Se encontró que los consumidores esperan menos gozo y más culpa cuando se dan gustos sin una razón o simplemente para consolarse por algún revés. Pero lo novedoso en la investigación es que en la situación real, la razón o falta de razón no tiene impacto en cuánto disfrutamos y tampoco importa si nos damos el gusto para consolarnos o gratificarnos.
Cuando nos damos un gusto, un lujo, los placeres dominan nuestra atención y las justificaciones no ocupan nuestra mente. Sin embargo los sentimientos son efímeros y pocos días más tarde necesitamos recurrir a una reconstrucción de la memoria cuando pensamos qué es lo que pensábamos o sentíamos cuando nos dimos el gusto, señalan los investigadores.

La memoria y la culpa
Las memorias que reconstruimos se acomodan mejor con nuestras expectativas que con nuestra experiencia real. En otras palabras, si creemos que nos sentiremos culpables por darnos los gustos con algunos de los placeres de la vida –aún si de hecho no nos sentimos culpables—puede ser que "recordemos" que sí nos sentimos culpables.
En el estudio se encontró que los consumidores disfrutan los gustos que se dan tanto cuando tienen una razón para dárselos como cuando no la tienen, e independientemente de si están gratificándose por un buen desempeño o si se consuelan por uno malo. "Combinadas nuestras conclusiones indican que las creencias de los consumidores son erróneas", se dijo.
"El disfrute real está regido por características del acto de consumo mismo, más que por las creencias previas del consumidor. La indulgencia, el darse un gusto es algo que se disfruta independientemente de la presencia o la ausencia de una buena justificación".