 |
¿Gustos
con sentimiento de culpa?
TODO ESTÁ EN SU MENTE
Si
bien muchos creemos que necesitamos una buena razón para disfrutar
de un lujo especial o para derrochar en algo caro, es posible que no
exista el tal "placer con sentimiento de culpa", según
investigadores

Especial
GM
La investigación sugiere que es poco probable que los consumidores
se den lujos cuando no ven razones buenas que justifiquen el gasto,
“nuestras conclusiones indican que el que los consumidores disfruten
realmente de los gustos que se dan es independiente de la justificación,
al contrario de lo que creen los consumidores", dijo Norbert Schwarz,
profesor de comercialización. En un artículo se muestran
las conclusiones de una serie de estudios que examinan si realmente
necesitamos o no una razón para darnos gustos.
No
lo pienses mucho
Sácate las ganas, vive la vida, derrocha, y no lo pienses mucho
o podrías empezar a sentirte culpable. Se encontró que
los consumidores esperan menos gozo y más culpa cuando se dan
gustos sin una razón o simplemente para consolarse por algún
revés. Pero lo novedoso en la investigación es que en
la situación real, la razón o falta de razón no
tiene impacto en cuánto disfrutamos y tampoco importa si nos
damos el gusto para consolarnos o gratificarnos.
Cuando nos damos un gusto, un lujo, los placeres dominan nuestra atención
y las justificaciones no ocupan nuestra mente. Sin embargo los sentimientos
son efímeros y pocos días más tarde necesitamos
recurrir a una reconstrucción de la memoria cuando pensamos qué
es lo que pensábamos o sentíamos cuando nos dimos el gusto,
señalan los investigadores.
La
memoria y la culpa
Las memorias que reconstruimos se acomodan mejor con nuestras expectativas
que con nuestra experiencia real. En otras palabras, si creemos que
nos sentiremos culpables por darnos los gustos con algunos de los placeres
de la vida –aún si de hecho no nos sentimos culpables—puede
ser que "recordemos" que sí nos sentimos culpables.
En el estudio se encontró que los consumidores disfrutan los
gustos que se dan tanto cuando tienen una razón para dárselos
como cuando no la tienen, e independientemente de si están gratificándose
por un buen desempeño o si se consuelan por uno malo. "Combinadas
nuestras conclusiones indican que las creencias de los consumidores
son erróneas", se dijo.
"El disfrute real está regido por características
del acto de consumo mismo, más que por las creencias previas
del consumidor. La indulgencia, el darse un gusto es algo que se disfruta
independientemente de la presencia o la ausencia de una buena justificación".
|
 |